Hay
estudios científicos que han probado la influencia de los colores en nuestro
estado de ánimo. Éste podría resultar un tema trivial, si no fuera porque los
colores están alrededor de nosotros, miremos donde miremos.
Basándonos
en esta sencilla premisa, por ejemplo, una habitación decorada en tonos vivos
trasmitirá mucho mejor rollo que una en tonos apagados. Hay quienes dicen que
las personas, más que ver los colores, los experimentamos, de ahí que tengan
una influencia tan importante en cómo nos sentimos.
Pero
no estamos hablando de la simbología del color, mediante la cual el rosa
transmite feminidad, el rojo pasión y un largo etcétera. Hablamos de cómo un
elemento naranja o amarillo puede transmitirnos toda la energía del mundo.
Además, paralelamente, hay otras investigaciones
que han demostrado la gran influencia que el sentido del humor y la risa
espontánea tienen sobre el organismo humano. Así que, al final, si
unimos ambas teorías todo cobra sentido.
¿Cuál es la conclusión? Si, como dicen, es verdad que influyen (que seguro
que sí), creo que sería una idea genial que eligiéramos muy detenidamente todo aquello
que nos rodea: píntate las uñas del color más chillón que encuentres (¿qué
importa si es invierno?), elige colores alegres para tu ropa, decora tu puesto
de trabajo hasta convertirlo en un lugar que podrías perfectamente elegir como
hogar, no te compres un coche negro, cómprate un paraguas de color (que el
cielo sea gris no significa que nosotras debamos serlo) y, así, hasta el
infinito.
¡Sintámonos
bien con nosotras mismas! Que la vida es más bonita con colores.
hermosa canción con el artículo
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