Sentirnos bien con nosotros mismos depende de nuestra actitud, pero ésta está ligada a nuestros recuerdos, a esas cosas de la vida que nos hacen ser felices y que sintamos que vale la pena, y, por tanto, también a las personas con quien la compartimos.
Me encanta la última campaña llevada a cabo por la Fundación Marie Curie de ayuda a enfermos terminales de cáncer, que es un canto precisamente a esas experiencias. La idea de fondo es que los últimos momentos de nuestra vida deberían ser tan felices como todos los que hemos vivido a lo largo de la misma (aunque se esté acabando). Y precisamente para ello la fundación cuenta con enfermeras que dan un trato excepcional a los pacientes que padecen cáncer.
Y aplicando esta norma a nuestra vida diaria, procuremos rodearnos de personas que nos quieren y comprenden, que llenen nuestros años de alegría. Cada uno de esos momentos serán los que recordaremos cuando tengamos un día triste o nos sintamos desanimados.
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